Te cuento nuestra experiencia recorriendo las tres capitales bálticas en un viaje de una semana que hicimos Nazarena y yo. ¿Calles medievales intactas donde cada piedra cuenta historias? ¿Arquitectura increíble sin las multitudes de otros destinos europeos? Si eso te suena bien, este recorrido por Vilna, Riga y Tallinn te va a encantar tanto como a nosotros.
Organizamos este viaje volando desde Berlín directo a Vilna con Ryanair, continuamos en bus hacia Riga y finalmente Tallinn, desde donde regresamos también con Ryanair a Berlín. Siete días intensos pero manejables para conocer la esencia de estos tres países que, aunque comparten su ubicación junto al Báltico, tienen personalidades completamente diferentes.
La magia medieval de Vilna en dos días
Aterrizamos en Vilna con Ryanair (vuelo puntual y sin sorpresas) y lo primero que hicimos fue dirigirnos a nuestro Airbnb en el centro histórico. La capital lituana sorprende con el casco antiguo barroco más grande de Europa del Este, aunque sigue siendo la menos conocida de las tres capitales bálticas. Un punto a favor si, como nosotros, prefieres destinos menos saturados de turistas.

Día 1: El corazón histórico
Después de dejar nuestro equipaje de mano, empezamos nuestra aventura en la Puerta del Amanecer. Es la única que sobrevive de las diez puertas originales de la muralla defensiva del siglo XVI, y más que una entrada a la ciudad, funciona como un santuario. Alberga una imagen de la Virgen María que los locales consideran milagrosa, tanto católicos como ortodoxos. Es normal ver peregrinos arrodillados en plena calle rezando hacia la capilla. Y como pueden ver en la foto, justo estaban restaurando una zona cerca de esta.

Desde ahí nos metimos por la calle Pilies, la arteria principal del casco antiguo. Muchas personas quedan fascinadas con las tiendas de ámbar (aunque no fue nuestro caso). Nosotros aprovechamos para parar en uno de los cafés con terraza y disfrutar del ambiente, con los músicos callejeros creando la banda sonora perfecta.
Siguiendo el flujo natural de la calle llegamos a la Plaza de la Catedral, que es el verdadero corazón de Vilna. La Catedral de San Estanislao es impresionante con su estilo neoclásico, y junto a ella está el campanario separado que le da ese toque tan característico. ¡Ojo! Entre ambos hay una baldosa especial marcada con la palabra «Stebuklas» (milagro). La tradición dice que si das tres vueltas sobre ella con los ojos cerrados, tus deseos se cumplen. Por supuesto, lo intentamos — el tiempo dirá si funcionó 😉.

Antes del atardecer subimos a la Colina de Gediminas. Puedes hacerlo a pie o usar el funicular (como hicimos nosotros) si prefieres ahorrarte la caminata. La torre en la cima forma parte del castillo que dio origen a la ciudad. Las vistas desde aquí son ESPECTACULARES, especialmente con la luz dorada del atardecer sobre los tejados rojos y las innumerables torres de iglesias. El museo interior cuenta la historia fascinante de cómo un sueño del Gran Duque Gediminas sobre un lobo de hierro inspiró la fundación de la ciudad en 1323.

Por la noche cenamos en un restaurante tradicional lituano cerca de nuestro Airbnb, donde probamos zeppelins de patata rellenos de carne (cepelinai) — un plato contundente pero delicioso que no te puedes perder.
Día 2: Cultura y contrastes
El segundo día lo dedicamos primero a la Universidad de Vilna, fundada en 1579. Su complejo de 13 patios es como un laberinto de joyas arquitectónicas. Nazarena quedó especialmente impresionada con la biblioteca y sus frescos espectaculares. Vale la pena buscar el observatorio astronómico también.
Después de la visita cultural, nos dirigimos al barrio de Užupis, que resultó ser nuestra parte favorita de Vilna. Este distrito de artistas se autoproclamó «república independiente» en 1997, con constitución propia y día nacional (el 1 de abril, día de los inocentes, lo que dice mucho de su actitud). Las paredes están decoradas con grafitis artísticos y frases que te hacen pensar y reír a la vez. Entramos a un par de cafés alternativos donde la gente trabajaba con sus portátiles mientras nosotros disfrutábamos de un excelente café local.

Por la tarde visitamos la Iglesia de Santa Ana, una joya del gótico lituano construida con 33 tipos diferentes de ladrillos. Su fachada es tan impresionante que cuenta la leyenda que Napoleón quiso llevársela a París «en la palma de su mano». Junto a ella está la Iglesia de San Bernardino que completa este conjunto religioso único.
Para terminar nuestra estancia en Vilna, nos dimos un paseo por varias de sus iglesias. No por nada la llaman «la Roma del Norte» — tiene más de 40 iglesias de diferentes confesiones, lo que demuestra la tolerancia religiosa histórica de la ciudad.
Cenamos en nuestro Airbnb (tenía una cocina equipada que aprovechamos para preparar algo sencillo con productos locales que compramos en un mercadillo).
Explorando Riga, la perla letona
Temprano en la mañana tomamos el bus Lux Express hacia Riga. El viaje duró unas 4 horas pero fue super cómodo — estos buses tienen WiFi gratis, enchufes en cada asiento, incluso te ofrecen café/té sin costo adicional. Vimos una película en las pantallas individuales y antes de darnos cuenta ya estábamos llegando a la mayor de las capitales bálticas.

Nuestro Airbnb estaba cerca del distrito Art Nouveau, así que después de registrarnos y dejar el equipaje, salimos inmediatamente a explorar. Con casi medio millón de habitantes, Riga combina un casco medieval espectacular con el distrito Art Nouveau más grande de Europa. No es casualidad que la llamen la «París del Báltico».
Día 3: El casco antiguo hanseático
Dedicamos la mañana y tarde a recorrer el casco antiguo de Riga, que está declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Estas calles fueron testigo del auge de la Liga Hanseática, la alianza comercial medieval que dominaba el comercio del Báltico.
Empezamos en la Plaza del Ayuntamiento donde se encuentra la Casa de las Cabezas Negras, que probablemente sea el edificio más fotografiado de toda Letonia. Tiene una fachada de estilo gótico tardío con elementos holandeses y perteneció a una hermandad de comerciantes solteros. Lo increíble es que fue completamente destruida durante la Segunda Guerra Mundial y reconstruida en los años 90. La reconstrucción es tan meticulosa que cuesta creer que no sea el edificio original del siglo XIV.

A pocos pasos encontramos los Tres Hermanos, que son las casas medievales más antiguas de Riga. Cada una representa un periodo diferente de la arquitectura local, desde el siglo XV al XVII. Nazarena sacó decenas de fotos — es realmente como un libro de historia de la arquitectura vivo.
No podíamos dejar de visitar la Catedral de Riga (Doma Baznīca). Fundada en 1211, es la iglesia más grande de los países bálticos y tiene uno de los órganos más valiosos del mundo. Tuvimos la suerte de llegar justo cuando empezaba un pequeño concierto, y la acústica del lugar es simplemente increíble.

Para conseguir la mejor vista panorámica de la ciudad, subimos a la Iglesia de San Pedro. Su torre de 123 metros fue en su momento la más alta de toda Europa. Desde la plataforma de observación (está a 72 metros) pudimos ver todo el mar de tejados rojos, las agujas de las iglesias y el río Daugava serpenteando. Si vienes a Riga, esta vista es OBLIGATORIA.
Terminamos nuestro primer día en Riga visitando el Monumento a la Libertad, que tiene un significado muy profundo para los letones. La figura representa a la madre patria sosteniendo tres estrellas (las regiones históricas del país). Lo curioso es que incluso durante la ocupación soviética, los habitantes de Riga venían a dejar flores aquí como forma de resistencia pacífica. Estos pequeños actos de rebeldía nos conmovieron.

Para la cena, encontramos un restaurante cercano a nuestro Airbnb donde probamos el famoso pan negro letón (delicioso y muy distinto al pan al que estamos acostumbrados) y el bálsamo negro de Riga, un licor tradicional bastante fuerte pero interesante.
Día 4: Art Nouveau y más allá
El segundo día en Riga lo dedicamos entero a explorar el distrito Art Nouveau, considerado el más completo y mejor conservado del mundo. Está concentrado principalmente en las calles Elizabetes y Alberta. Este barrio surgió durante el boom económico de principios del siglo XX, cuando Riga era una de las ciudades más prósperas del Imperio Ruso.
Las fachadas te dejan con la boca abierta: hay rostros expresivos, animales mitológicos, motivos florales y figuras femeninas que parecen a punto de salir de los edificios. Nazarena quedó fascinada con los diseños y entre los dos sacamos cientos de fotos. El arquitecto Mikhail Eisenstein (padre del famoso cineasta) diseñó varios de estos edificios.
Visitamos el Museo del Art Nouveau que está ubicado en un apartamento original de la época. Aquí puedes ver cómo vivían las familias acomodadas de Riga hace un siglo, con muebles originales y decoración típica del movimiento. Para los amantes de la arquitectura como nosotros, fue uno de los puntos destacados del viaje.

Por la tarde cruzamos el río para conocer el mercado de Riga, uno de los más grandes y antiguos de Europa. Está instalado en cinco antiguos hangares de zepelines alemanes (¡sí, zepelines!). Es ENORME y venden de todo, desde productos frescos locales hasta artesanías. Aquí probamos especialidades letonas como el pescado ahumado y el queso Jāņu con comino. Si vienes a Riga, no te lo puedes perder.

Para terminar nuestra estancia, dimos un paseo por el parque del Canal, un cinturón verde que rodea el casco antiguo. Es el lugar donde los locales van a relajarse, y entendimos por qué. Los edificios de madera que bordean el parque añaden otro elemento arquitectónico interesante a esta ciudad que parece un museo al aire libre.
Por la noche, cenamos en un restaurante local cerca de nuestro alojamiento. Los precios en Riga son bastante razonables comparados con otras capitales europeas, lo que nos permitió disfrutar de buena comida sin arruinarnos.
Tallinn, la joya medieval del norte
Al día siguiente tomamos otro Lux Express, esta vez hacia Tallinn. El viaje de unas 4 horas también fue muy cómodo. Llegamos a la capital de Estonia al mediodía y nos dirigimos a nuestro Airbnb, que habíamos reservado estratégicamente dentro de la Ciudad Vieja. Un poco más caro que los anteriores, pero valió la pena cada euro por la ubicación.

Tallinn tiene uno de los cascos medievales mejor conservados del mundo, y tener tres días completos nos dio tiempo de sobra para descubrir tanto sus calles empedradas como algunos sitios menos conocidos que terminaron siendo nuestros favoritos.
Día 5: La magia de la Ciudad Vieja
Después de instalarnos, salimos a explorar comenzando por la emblemática Puerta Viru con sus icónicas torres que son símbolo de la ciudad. Pasar por esta entrada principal a la Ciudad Vieja es como viajar en el tiempo. Una cosa que nos impresionó es que Tallinn conserva casi completa su muralla defensiva del siglo XIII, con 20 de sus torres originales todavía en pie. Muchas otras ciudades europeas han perdido estos elementos o solo conservan fragmentos.

Caminamos hasta la Plaza del Ayuntamiento (Raekoja plats), que ha sido el corazón de Tallinn desde el siglo XIII. El edificio del Ayuntamiento es uno de los más antiguos del norte de Europa. La plaza estaba animada con terrazas y restaurantes, así que paramos a comer algo. Nazarena probó el famoso elk soup (sopa de alce) mientras yo me decanté por algo menos aventurero 😂.

Cerca encontramos la Farmacia del Ayuntamiento, que tiene el récord de ser la más antigua de Europa en funcionamiento continuo desde 1422. Además de medicamentos modernos, exhiben algunos de los «remedios» medievales como polvo de momia o grasa de perro. Suena horrible, pero es fascinante ver cómo era la medicina entonces.

Pasamos horas perdidos en el laberinto de callejuelas adoquinadas. La calle Santa Catalina es especialmente bonita, llena de talleres artesanales donde los maestros trabajan siguiendo técnicas medievales. Nazarena compró un pequeño recuerdo de ámbar (sí, más ámbar 😅) y yo encontré una reproducción de un mapa antiguo que ahora tenemos colgado en casa.
No dejamos de visitar la Iglesia de San Olaf, cuya aguja de 124 metros fue en su momento el edificio más alto del mundo. Subimos los 258 escalones hasta la plataforma de observación (¡menudo ejercicio!) pero las vistas merecieron totalmente el esfuerzo. En días claros como el que tuvimos, incluso se puede ver la costa de Finlandia.
Para terminar el día, salimos de la Ciudad Vieja para explorar el barrio de Kalamaja. Esta antigua zona pesquera se ha transformado en el distrito hipster de Tallinn, con casas de madera coloridas y cafés muy cool. El complejo Telliskivi es un antiguo depósito ferroviario reconvertido en centro cultural con tiendas de diseño, restaurantes y espacios creativos. Aquí tuvimos una de las mejores cenas del viaje en un restaurante que usa solo ingredientes locales y de temporada.
Día 6: Colina Toompea y arte estoniano

El sexto día lo dedicamos entero a la Colina Toompea. Esta elevación caliza fue durante siglos el centro de poder en Estonia, donde la nobleza vivía separada del resto de la ciudad. Subimos por la pintoresca calle Pikk jalg («pierna larga») aunque también se puede usar la escalera de Lühike jalg («pierna corta») — los nombres nos hicieron mucha gracia.
En la cima nos esperaba la imponente Catedral Ortodoxa Alexander Nevsky con sus características cúpulas en forma de cebolla. Fue construida durante el periodo de rusificación a finales del siglo XIX y representa un contraste total con la vecina Catedral de Santa María, que es luterana y de estilo mucho más austero. Esta última alberga escudos heráldicos de la nobleza local y tiene una acústica perfecta para conciertos.

Lo que no te puedes perder son los dos miradores de Toompea: Kohtuotsa y Patkuli. Desde ambos se obtienen panorámicas INCREÍBLES de la Ciudad Vieja, con sus tejados rojos, torres puntiagudas y el Mar Báltico al fondo. Ahora entendemos por qué los antiguos navegantes llamaban a Tallinn «la ciudad que nunca se quemará» — su silueta de agujas era inconfundible incluso desde alta mar.
Por la tarde visitamos el Museo KUMU, una joya de la arquitectura contemporánea que alberga la colección más importante de arte estonio. El edificio en sí ya vale la visita, pero las obras desde medievales hasta instalaciones de vanguardia nos dieron una visión mucho más profunda de la identidad cultural estonia. La sección de arte soviético es particularmente interesante.
Para la cena volvimos a nuestro Airbnb y cocinamos algo sencillo. Una de las ventajas de alojarte en apartamentos es que puedes preparar alguna comida tú mismo y ahorrar algo de dinero.
Día 7: El Tallinn más allá de las murallas
En nuestro último día, decidimos descubrir las joyas que se esconden fuera del centro histórico. Empezamos en el Palacio Kadriorg, un espléndido palacio barroco que el zar Pedro el Grande construyó para su esposa Catalina. Sus jardines están inspirados en Versalles y son perfectos para un paseo matutino. Estuvimos de suerte porque visitamos Tallinn en primavera y los famosos robledales estaban en flor. El palacio ahora alberga el Museo de Arte Extranjero, que también merece una visita.
Junto al palacio se encuentra la residencia presidencial, un edificio mucho más modesto de lo que cabría esperar para un jefe de Estado — nos pareció un reflejo del pragmatismo estonio.
Continuamos hacia el Parque de Pirita para disfrutar de la naturaleza y sus playas. Aquí se encuentran las ruinas del Monasterio de Santa Brígida, un recordatorio de la importancia religiosa medieval de Estonia. El contraste entre las ruinas históricas y el mar es simplemente fotográfico.
Como nos interesa la historia reciente, no quisimos irnos sin visitar el Museo Memorial de la Ocupación. Es pequeño pero muy intenso, documenta la compleja historia de Estonia durante las ocupaciones soviética y nazi. Te ayuda a entender mucho mejor por qué los estonios defienden con tanta pasión su independencia y sus instituciones democráticas.
Para nuestra última noche, decidimos darnos un capricho y cenar en el barrio de Rotermann, una zona industrial rehabilitada que ahora alberga algunos de los restaurantes más innovadores de la ciudad. Probamos la «nueva cocina nórdica» que está muy de moda en Tallinn, con ingredientes locales como bayas silvestres, setas del bosque y pescado del Báltico preparados con técnicas modernas. No fue barato, pero como cena de despedida valió la pena.
Al día siguiente tomamos nuestro vuelo de Ryanair de regreso a Berlín, cansados pero llenos de recuerdos increíbles.
Consejos prácticos para el viaje entre capitales
Después de completar este viaje, tenemos varios consejos que pueden ayudarte a sacarle el máximo partido:
Transporte
Vuelos: Nosotros volamos con Ryanair tanto de Berlín a Vilna como de Tallinn a Berlín. Reservamos con unos 3 meses de antelación y pagamos aproximadamente 40€ por trayecto y persona (sin equipaje facturado, solo llevamos mochila de cabina). Otras opciones son Wizz Air y AirBaltic, que también ofrecen conexiones económicas.
Entre ciudades: Sin duda, la mejor opción es Lux Express, aunque también tienen FlixBus aunque a veces los horarios no son los mejores. Los trayectos duran:
- Vilna – Riga: Aproximadamente 4 horas y 15 minutos.
- Riga – Tallinn: Alrededor de 4 horas y 20 minutos.
Estos buses son muy cómodos, con WiFi gratis, enchufes en cada asiento, bebidas gratuitas (botellitas de agua y maquina de café) y entretenimiento a bordo. Los precios están entre 10€ y 25€ por trayecto. Nosotros pagamos unos 11.50€ por persona en cada tramo.
Reservamos a través de su web oficial (www.luxexpress.eu) un mes antes y no tuvimos problemas. Los buses salen de las estaciones centrales que están relativamente cerca de los centros históricos.
Alojamiento
Nosotros usamos Airbnb para los tres destinos y nos funcionó perfecto. Algunos consejos basados en nuestra experiencia:
- En Vilna: Nos alojamos cerca de la Plaza de la Catedral, lo que nos permitió ir caminando a todos los sitios. Pagamos unos 45€/noche por un apartamento para dos.
- En Riga: Elegimos un apartamento en el distrito Art Nouveau, a unos 15 minutos a pie del casco histórico. Nos encantó la zona por la arquitectura y resultó ser muy tranquila. Precio: 50€/noche.
- En Tallinn: Aquí nos dimos el lujo de alojarnos dentro de la Ciudad Vieja, en un edificio histórico reformado. Fue el más caro (85€/noche) pero valió la pena despertar en pleno corazón medieval.
Reservamos todos con 6 semanas de antelación. Si viajas en temporada alta (mayo-septiembre), te recomendaría reservar con más tiempo.
Moneda y pagos
Los tres países utilizan el euro, lo que facilita mucho el viaje. Las tarjetas de crédito/débito son ampliamente aceptadas en las tres ciudades, incluso para pequeñas cantidades. Estonia es especialmente avanzada en pagos electrónicos, siendo raro encontrar establecimientos que solo acepten efectivo.
De hecho, en Tallinn casi nunca usamos efectivo. En Vilna y Riga llevábamos algo de cash (unos 100€) para pequeñas compras en mercados locales o tiendas más tradicionales, pero al final nos sobró bastante.
Idioma
El inglés está bastante extendido en las tres capitales, especialmente entre los jóvenes y en el sector turístico. Nunca tuvimos problemas para comunicarnos. Aun así, aprendimos algunas palabras básicas que siempre son apreciadas:
- Lituano: «ačiū» (gracias)
- Letón: «paldies» (gracias)
- Estonio: «tänan» (gracias)
Clima y qué llevar
Nosotros viajamos en mayo y tuvimos bastante suerte con el tiempo, pero aun así hubo días frescos y lluviosos. El clima báltico puede cambiar rápidamente, así que lleva siempre una chaqueta ligera e impermeable.
Si viajas entre octubre y abril, prepárate para temperaturas frías, especialmente en Tallinn que es la más norteña de las tres. En invierno (diciembre-febrero), las temperaturas pueden descender por debajo de los -10°C.
Gastronomía
La comida fue una de las sorpresas más agradables del viaje. Cada país tiene sus propias especialidades:
- Lituania: Los cepelinai (dumplings de patata rellenos) son contundentes pero deliciosos. El šaltibarščiai (sopa fría de remolacha) es perfecto para días calurosos. La cerveza artesanal lituana merece una mención especial.
- Letonia: El rupjmaize (pan negro) está presente en casi todas las comidas. Los piragi (empanadillas) son perfectos para picar. Y no te vayas sin probar el bálsamo negro de Riga, un licor tradicional que tiene un sabor… digamos que particular 😂.
- Estonia: El salmón estonio es exquisito. También recomendamos probar el mulgipuder (puré de patata con cebada) y los pasteles de almendra, que a Nazarena le encantaron.
Conexión a internet
Las tres capitales tienen excelente WiFi, con muchos cafés, restaurantes y espacios públicos ofreciendo conexión gratuita. Estonia, en particular, es pionera en servicios digitales y tiene una de las mejores infraestructuras de internet del mundo. Nunca tuvimos problemas para conectarnos, incluso en los Airbnb la conexión era muy buena y estable.
Seguridad
Nos sentimos extremadamente seguros en las tres ciudades. Tallinn y Vilna tienen niveles de criminalidad excepcionalmente bajos, mientras que en Riga nos recomendaron estar un poco más atentos, especialmente por la noche en zonas alejadas del centro. Siguiendo las precauciones básicas que tendrías en cualquier ciudad europea, no deberías tener ningún problema.
Este viaje de una semana por las joyas del Báltico nos ofreció una inmersión fascinante en la historia, arquitectura y cultura de tres países que, a pesar de compartir ciertos elementos, mantienen identidades completamente diferentes. Desde las calles barrocas de Vilna hasta el casco medieval perfectamente conservado de Tallinn, pasando por la elegancia Art Nouveau de Riga, cada ciudad tiene su propio encanto único.
Si estás buscando un destino europeo menos masificado pero igual de impresionante que los grandes clásicos, no lo dudes — las capitales bálticas te enamorarán tanto como a nosotros.
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