Köln (Colonia): La ciudad más visitada de Alemania
Alemania, Turismo 14 de Octubre, 2007Esta antigua localidad está construida a la vera del río Rin y es una de las cuatro más desarrolladas del país. Ocupa un punto intermedio entre la Baviera católica y la nórdica protestante. Justifica con solvencia ser visitada.
Una fría noche de 1975. El pianista Keith Jarrett grabó en vivo el “Köln Concert”, un ejercicio sublime de improvisación, que pasaría a la posteridad como el disco de piano más vendido en el mundo. Desde ese entonces y para muchos, la ciudad quedó asociada a esa noche.
Colonia, de apenas un millón de habitantes, no es la capital pero sí la ciudad más importante del estado de Renania del Norte-Westfalia. Un punto intermedio entre dos regiones bien definidas: la Baviera católica y la nórdica protestante.
Es la ciudad más antigua de Alemania, a pesar de que sólo tiene edificios modernos, al margen de su monumental Catedral, máxima expresión gótica de la historia.
“Su posición sobre el Rin y sus dos mil años de historia la convirtieron en la ciudad más visitada de Alemania”, repite la guía turística, una chilena de abuelos germanos.
Kölner Dom. El Dom (la catedral) es el símbolo de Colonia y fruto de la persistencia del hombre. Su construcción demoró 750 años. En su interior se guarda uno de los tesoros más importantes de la cristiandad: las reliquias de los Reyes Magos.
La Catedral domina el campo visual. Las miradas conducen a sus torres que, de 157 metros de altura, son como agujas que se clavan en el cielo.
El edificio tiene el raro privilegio de haber ayudado a la casi desaparición de la ciudad durante la Segunda Guerra Mundial, ya que marcaba desde el aire las coordenadas de los bombardeos aliados. La guerra dejó en pie, además del Dom colaborador, sólo a 40 mil sobrevivientes.
El dato: Colonia fue el centro de resistencia nazi más importante de Alemania. Hoy, la metrópolis es de izquierda, tolerante, liberal, y su arzobispo es miembro del Opus Dei.
En 1945, Colonia era cenizas y miseria. El plan Marshall impulsó la economía de posguerra de tal modo que construyó una Colonia esquizofrénica: la magnificencia del Dom rodeada de edificios rectangulares minimalistas de los años ’50.
La guerra, de este modo, organizó el espacio urbano. Y los vestigios de la historia se reducen, además del Dom, a 12 iglesias románicas. La ciudad, antigua de dos mil años, tomó su nombre en la época romana, en el 50 después de Cristo, cuando el asentamiento tuvo el rango de colonia.
Agua de colonia. Llueve. Una joven de sombrero negro, junto a su perro, sigue cantando a Patti Smith. El altoparlante de la estación anuncia las llegadas y salidas de los trenes. La lluvia desnuda la ciudad, que es más linda e intensa. Parece pintada por William Turner.
Una luz naranja de color ceniza cubre el Rin, la Catedral y el puente de hierro (Hohenzollembrucke) por donde pasan los trenes. La imagen de Turner deja ver la tragedia de la guerra, el pasado gótico y los gestos de la metrópolis.
La circulación, de hecho, se concentra bajo la Catedral y a orillas del Rin. Pegados al Dom, está la estación central (cuyo nudo ferroviario se conecta con toda Europa), el Museo de Historia Antigua (Romisch-Germanisches Museum), el Museo de Arte Moderno (Museum Ludwig) y la prestigiosa Filarmónica, con su enorme sala de conciertos subterránea (bajo el nivel del Rin).
Colonia, antes, fue arquidiócesis en los días de Carlomagno y una importante ciudad en la Edad Media. En 1388, fundó la primera universidad pública de Europa. El italiano Juan María Farina creó a principios del siglo XVIII (en Colonia) una fragancia que llamó Eaux de Cologne.
En 1794, la ciudad fue ocupada por las tropas francesas y perteneció al reino de Prusia desde 1815. Heinrich Böll, Premio Nobel de Literatura (1972), nació y murió en este lugar. Pero en 1842, dos hombres entraron en contacto, un hecho que sería crucial para la historia del siglo 20. Karl Marx, de 24 años, recién recibido, se instala en Colonia y es jefe de redacción del diario opositor Rheinische Zeitung. Uno de sus colaboradores es el joven Friedrich Engels, de 22 años, hijo de una rica familia El diario es varias veces censurado hasta su cierre. Pero el contacto está hecho. En 1848, los dos jóvenes periodistas imprimen un folleto bajo el nombre de Manifiesto del partido comunista (Manifest der Kommunistischen Partei).
Fuente: http://www2.lavoz.com.ar/suplementos/turismo/07/10/14/nota.asp?nota_id=124338
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