Monasterios en Sevilla (I): San Isidro del Campo
Atracciones, España, Europa, TurismoHace casi 3 años atrás publicábamos un listado de los mejores “10 monasterios para retirarse y alejarse del mundanal ruido“; un interesante resumen de los mejores y mas tranquilos lugares de España para retirarse a descansar y meditar por un tiempo. Hoy me propongo hacer un pequeño recorrido por los monasterios de Sevilla, mediante una serie de entradas que iremos publicando semanalmente; ya que muchos nos lo han solicitado vía correo.

El primero a visitar sera el Monasterio de San Isidro del Campo, localizado en el municipio español de Santiponce, en la provincia de Sevilla, en la comunidad autónoma de Andalucía, cerca de las ruinas de la ciudad romana de Itálica.
Historia
El monasterio fue fundado en 1302 por Alonso Pérez de Guzmán, más conocido como Guzmán el Bueno, y su mujer María Alfonso Coronel, fundadores de la Casa de Medina-Sidonia, como panteón familiar y como testimonio de su piedad, siendo rey Fernando IV de Castilla. La edificación tuvo lugar sobre una ermita mozárabe en que según la tradición estuvo enterrado San Isidoro de Sevilla, hasta que fue traslado a la Basílica de San Isidoro de León en 1063. Juan Alonso, hijo del matrimonio, construyó adosada a la iglesia levantada por sus padres otra nave, siendo ambas conocidas como las iglesias gemelas.
El Monasterio fue cedido a los monjes Cistercienses, siendo el Monasterio Cisterciense más meridional de toda Europa, que estuvieron en él hasta 1431. Los cistercienses fueron sustituidos por los ermitaños de los Jerónimos y en 1568 fue ocupado por la Orden de San Jerónimo.
Su historia está impregnada de importantes acontecimientos religiosos y artísticos. En el siglo XVI se desarrolló en él uno de los primeros focos de Reforma en España, ya que en su interior se leyeron y tradujeron libros prohibidos por la Inquisición. Algunos de los monjes propagandistas fueron ejecutados en actos de fe; otros con más suerte pudieron escapar a Europa, como el célebre Casiodoro de Reina, traductor de la primera Biblia castellana completa, hermosa versión todavía vigente (con revisiones) en las comunidades evangélicas de todo el orbe hispánico.
En 1835, con la Desamortización de Mendizábal el convento perdió su condición. Tras varios destinos alternativos, desde 1956 hasta 1978 volvió a tener uso religioso siendo ocupado de nuevo por los Jerónimos.
Arquitectura

Descripción y características
Conjunto arquitectónico en que están representados básicamente los estilo gótico y mudéjar. Está formado por:
Templo
Con dos naves góticas. Unida a la primera iglesia, D. Juan Alonso, hijo de Guzmán el Bueno, construyó otra nave, siendo ambas conocidas como las iglesias gemelas. Destaca en la iglesia sobremanera el retablo que Martínez Montañés esculpiera con el tema del Nacimiento y la Adoración de los Pastores. Destaca también su escultura de San Jerónimo. Junto al retablo, y acompañando a los Santos Juanes , están las figuras orantes de D. Alonso y Dª María Alonso Coronel – dos de las tres únicas figuras no sagradas que realizó Montañés en toda su vida. Otras obras presente de Montañés son San Joaquín y Santa Ana, la Virgen con el niño en brazos, un crucificado.
Claustros de estilo mudéjar
Tiene dos, el de los Muertos y el de los Evangelistas, este último decorado con frescos datados en el siglo XV atribuidos por unos a Diego López, maestro mayor de los pintores del Alcázar de Sevilla y según otros autores a Pedro de Toledo. Los frescos son de un nivel igualable, con un gran estado de conservación, tras la rehabilitación de que han sido objeto a finales del siglo XX y a pesar de que en la revolución de 1868 sufrieron graves destrozos.
El Claustro de los Muertos es de estilo mudejar,de planta rectangular, con doble galería y arcos peraltados enmarcados en alfiles que apean sobre pilares ochavados.Las pinturas que se encuentran son murales al fresco con decoración y lacerías mudejares.Hallamos restos de una Anunciación, de Juan Sánchez y es de estilo hispanofalmenco, también encontramos un San Miguel a la grisalla.
Sacristía
La sacristía de este monasterio respondía al nuevo tipo de sacristía contrarreformista que, procurando la dignificación del culto divino, debía ser, en palabras de San Carlos Borromeo “amplia y de tal modo que se extienda un poco más largamente”. Esta nueva manera de concebir la sacristía coincidía con el empeño de los jerónimos en el cuidado y el esplendor de la liturgia. Así, tras la desaparición de los isidros, se llevó a cabo una profunda reforma a principios del siglo XVII.
La sacristía, que se amplió en altura a costa del espacio de los antiguos dormitorios, y de la sala capitular para aumentar sus dimensiones, utilizando en total algo más de dos tramos cubiertos por las bóvedas de crucería medievales. El espacio, de planta rectangular, se articula por medio de sencillas pilastras decoradas con cabezas de querubines y se ilumina con ventanas de traza protobarroca que vienen a sustituir los antiguos y estrechos vanos mudéjares que se decoraban con arcos polilobulados hacia el interior, uno de los cuales puede aún distinguirse bajo el blanco enfoscado. Además, el conjunto se decora con grutescos y líneas doradas que ennoblecen sus trazas.
Tal como era habitual en las sacristías españolas de traza manierista, las cajoneras se situaban bajo arcosolios, que en este caso completan su decoración con retablos pictóricos, originariamente de estilo similar a las cajoneras y que en el siglo XVIII fueron convertidos en retablos hornacinas de tipo rococó.
De su decoración destaca el retablo de la Virgen de la Antigua. La tabla, obra de gran calidad atribuida a Cristóbal de Mayorga, aparece enmarcada por columnas torsas y capiteles corintios siguiendo los esquemas habituales en el primer tercio del siglo XVII. Los lienzos del Cristo atado a la Columna y del Entierro de Cristo se deben a un seguidor de Juan de Roelas, y fueron encargados junto con las cajoneras, realizadas por Alfonso Rojo.
Sala capitular
La Sala capitular sufrió en su estructura y en su decoración cambios históricos muy importantes. Así, con la llegada de los isidros se elimino la segunda planta, donde estuvo el dormitorio común cisterciense y se realizó la decoración pictórica dedicada a la vida de San Jerónimo de la que se han conservado las escenas de La imposición del capelo cardenalicio, La partida hacia Tierra Santa, San Jerónimo dictando a los monjes, La aparición del león y El robo de los asnos, encuadradas por una estructura arquitectónica de traza gótica, con pináculos y crestería tras la que se vislumbra un paisaje idealizado. El conjunto se completa con paneles de clara ascendencia mudéjar.
Nuevamente, fue transformada en el primer tercio del siglo XVII, cubriéndose con una bóveda encamonada de medio cañón que oculta la bóveda primitiva de crucería. Al mismo tiempo se dispuso una decoración clasicista que ocultó los frescos medievales, que seguían proclamando la vocación investigadora y de estudio de las sagradas escrituras que los jerónimos habían heredado de su legendario patrón y que podía ser sospechosa tras la represión del foco reformista. Así, esta decoración clasicista venía a imponer silencio a este pasado, y sus formas de tradición italiana proclamaban el nuevo estilo que se irradiaba desde El Escorial. En ella aparecen alegorías de la Justicia, la Caridad y la Concordia, virtudes para el buen gobierno. La decoración se completó con los lienzos de los Apóstoles y Evangelistas y La Flagelación de Cristo, copias de los que hiciera Navarrete el Mudo para el Escorial.
Refectorio
El refectorio se sitúa en un espacio rectangular que ocupa el ala occidental del claustro y se cubre con bóvedas de crucería cuatripartita, apoyadas sobre ménsulas repisas. Corresponde a la obra primitiva del siglo XIV, que sigue los postulados de la arquitectura gótica de raíz burgalesa tan frecuente en Sevilla, tal como muestra la propia fábrica y las ventanas que dan al claustro, y que sin embargo, al exterior se rematan con arcos polilobulados de tradición almohade. Sobre los muros de arquitectura ascética y espíritu cisterciense, los monjes jerónimos desplegaron un amplio programa decorativo e iconográfico a finales del siglo XV. El refectorio está presidido por la Sagrada Cena, una de las obras de más empeño de este conjunto de pinturas murales, único en España. La representación de la Cena está concebida con el carácter monumental y el gusto propio del arte italiano y del gótico internacional, lo que hizo que se atribuyera junto con el resto de los murales a artistas de procedencia florentina; sin embargo, actualmente se vinculan a la estela artística de los miniaturistas italianizantes que trabajaron en la Catedral de Sevilla.
El resto del espacio arquitectónico se completa con una decoración heráldica, despiece de sillares, baquetones, friso con cardinas y otras molduras fingidas, y cenefas que subrayan los perfiles de la arquitectura real. Del esplendor de este ámbito y del cuidado que los jerónimos pusieron en su decoración dan muestra las tres decoraciones pictóricas superpuestas de los sitiales, correspondientes a los siglos XVI, XVII y XVIII, documentados en los trabajos de restauración.
Los espero la semana que viene con un recorrido por el “Real monasterio de San Clemente“.
Enero 24th, 2010 at 8:19 pm
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